No sé por qué empecé a pintar, pero lo necesito. Cuando estoy

pintando se va asomando mi vida a través de formas y colores

mientras todo se ordena y se serena.

Lo que veo y lo que vivo aparece de repente en el lienzo. La gente,

sus risas, sus palabras y su ánimo, mis lecturas, aquel paisaje o

aquel preciso momento, se convierten en formas y colores.

Cada cuadro es para mí una experiencia singular, diferente.

A veces fluye sin querer y a veces se resiste, pero siempre al acabar

nos hemos cogido un cariño, difícil de explicar.

Mi vida, cuando pinto con mi perra Lisa tumbada en el estudio y

envuelta por la música elegida, avanza y se transforma

acompañada por esta magia alegre que le da color forma y sentido.

A veces no sé quién lleva de la mano a quién ni a donde vamos

juntas.